Ahora bien, ¿cómo explicar o pre-explicar que “atención” es el concepto que más acerca episteme, phronesis y praxis en este contexto? Evidentemente, se trata de una lectura de evidentes raíces. El texto de Guy Debord y Gil J. Wolman “Métodos de tergiversación” (1956) es una de ellas. Los métodos de tergiversación son, en realidad, herramientas para mantenese alertas, memorándums de acciones no específicas sino situacionistas (lo situacionista no es específico). El problema de la lectura más pedrestre de estas tesis de Debord es su reducción a “llamar la atención” y no a llamar a la atención. Son medios, no fines.
¿La atención de qué o hacia qué? La atención es un estado de alerta, sí, pero también un registro de acciones posibles (un criterio). Es pensamiento y como pensamiento, política. Por tanto, un lugar. Pero es estacionaria en sí misma si no se posiciona entre dos territorios o saberes: la política práctica y el pensamiento, o la política y la filosofía. Aquí es que aparece el siguiente texto de Alain Badiou (información sobre este autor francés es fácil de hallar, remito al artículo de Wikipedia), como introducción a su pensamiento y como puente entre los pimeros sesentas y la actualidad. Como, además, hablamos de arte, quiero llegar a ese punto casi sin transiciones, a través de un curioso ejemplo de la historia del arte del siglo XX en el que se escenifican los grandes problemas que imponen estos temas. Sobre este punto trata la siguiente entrada.
La atención de NOSOTROS hacia ELLOS. En la terminología de Badiou, ELLOS son el Imperio. El NOSOTROS se define en su propia performatividad. Esa última (e íntima) elaboración nos llevará a las Quince tesis sobre arte contemporáneo. Antes, el ejemplo de KwieKulik nos permitirá pensar en términos institucionales una práctica tergiversadora de curiosas características, pero en un lugar que ya no es el nuestro aunque es también un lugar nuestro en terminos utópicos que propone otros problemas, el lugar donde “nothing existed outside of ideology, just as today nothing exists independent of the laws of market”.
La dialéctica propuesta, tal vez, es nostálgica. Me adelanto a una crítica. Para mí, es revolucionaria, pero atenta.